El Training Camp se organiza en microciclos progresivos:
Fase de adaptación neuromuscular.
Fase de desarrollo de fuerza específica.
Fase de integración condicional al juego.
Fase de transferencia competitiva.
Cada semana tiene una intención clara y una progresión definida.
La fuerza es funcional y transferible:
Aceleración y deceleración.
Cambios de dirección.
Duelo y contacto.
Salto y acción aérea.
Repetición de esfuerzos.
Ajuste individual de volumen e intensidad.
Monitorización de fatiga.
Gestión de descansos.
Optimización de la recuperación.
El objetivo no es acumular trabajo, sino asimilarlo.
Los porteros realizan un primer bloque individualizado de 35–45 minutos con su entrenador específico, centrado en técnica, acciones de área y demandas explosivas del puesto.
Posteriormente, se integran en el trabajo colectivo para transferir cada estímulo al contexto real de juego.